Bruna despertó sobresaltada i pensó
que iba a morir.
Pero no ahora.
Se sentó tranquilamente en la mesa
de la cocina, donde su marido le había preparado el desayuno. Bruna tenía 28
años y su marido dos años más.
Intentó recordar que había hecho la
noche anterior, y a que se debía ese terrible dolor de cabeza que le impedía
pensar con claridad. Miró los bolsillos de la chaqueta pero no había nada.
Sintió frio, decidió vestirse. Encendió la televisión pero no le gustaban las
series que estaban dando. Decidió ir a visitar a su marido.
Salió de casa, hacía mucho calor.
Cogió el metro y bajo en la segunda parada. Subió por las escaleras, cruzó dos
calles y entró a los estudios de grabación. Guille, su esposo era el
guitarrista de una banda de rock muy conocida y estaban ensayando para su
próximo concierto y grabando las canciones para su siguiente disco. Entró en la
sala de edición pero allí no estaba. Abrió la puerta de la sala de grabaciones
y tampoco estaba. Entró en el vestuario y se encontró a Guille con la cantante
del grupo.
Salió corriendo del edificio, y
detrás suyo, su marido, sin ropa. Bruna cruzó la calle sin mirar y un coche que
pasaba se la llevó por delante.
Su marido se quedó desnudo en medio
de la calle llorando, maldiciéndose, chillando, pegando golpes al suelo y con
el pensamiento de que él la había matado. Él y su afán de sexo. Él y las
predicciones de futuro de Bruna.